El cáncer volvió a ser noticia después de que Esperanza Aguirre informara de la existencia de un bulto "que hay operar". Yo, que siempre le he tenido bastante tirria a esta señora, descubro que lo que escribí en la entrada "Prefiero que sea mi día" es cierto: a Aguirre le tiembla la voz, y yo pienso "qué putada, compañera". Hago un poco el tonto con las noticias y concluyo que si supiera que Gadafi padre e hijo tienen sendos cánceres de próstata inminentemente terminales, se dibujaría una pequeña sonrisa en alguna parte de mi mente, así que empiezo una lista de excepciones con personajes que, en caso de pasar por lo que estoy pasando yo, no me darían ninguna pena. Encabezan el ranquin dictadores lunáticos ególatras que atacan a sus paisanos (y a los de los demás). Como Esperanza Aguirre aun no ha sacado los carros de combate para aplastar a los madrileños no se merece un puesto en esta lista. Ni de lejos.
A la presidenta le quitaron el tumor, dos días en observación y a casa. Dicen las noticias que salió del postoperatorio dando órdenes, y supongo que se habrá incorporado al trabajo, independientemente del lugar desde donde lo lleve a cabo. El cáncer, que viene siempre acompañado de momentos de desesperación y miedo, ofrece una oportunidad única para parar en seco, mirar hacia fuera y hacia dentro, y prestar la atención necesaria a las pequeñas cosas que descuidamos mientras intentamos construir una vida plena. Yo, que tengo un trabajo casi insignificante (pero que me encanta), puedo hacer esto a coste cero para mis ansias de éxito en el mundo laboral. Personas de la talla de Aguirre, Adán Martín- que murió tras años de lucha con un tumor cerebral- y tantos otros que hacen de su trabajo su vida tienen bastante más que perder a la hora de plantearse bajar el ritmo.
Lo bueno de que te pasen estas cosas siendo un personaje con responsabilidades que afectan a la ciudadanía es que te atienden por la vía rápida; nadie se imagina a un auxiliar de un hospital de Washington escribiendo "Barack Obama" en una lista de espera. Lo malo es que, al ocurrir todo tan rápido, desaparece la oportunidad que tienes para darte cuenta de lo que realmente está ocurriendo. Mi espera se alargó tanto como un mes. Durante ese tiempo pasé por todas las fases que se describen en las series de médicos (eran cinco, ¿no? Negación, enfado, etc, etc, y, finalmente, aceptación) y para cuando ingresé en el hospital tenía la lección más que aprendida: pequeñas metas, pequeños pasos, noteolvidesdequetienescáncer. La baja laboral y algo de tiempo para mí son esenciales para no perder el norte y seguir a este ritmo que me he marcado: marcha larga, revoluciones al mínimo y a noventa por la autopista. Porque sí es cierto que el cáncer es una enfermedad como otra cualquiera, pero también lo es que el impacto que tienen esas seis putas letras en nuestras entrañas puede ser fatal y minar el ánimo poco a poco, en silencio, hasta que de repente un día te das cuenta de que has asumido que todo está perdido. Ese es un precio que yo no estoy dispuesta a pagar, así que, de vez en vez, me visto de negro por mi pecho izquierdo y lloro la pérdida de ese trocito, que era pequeño, pero era mío, y mimo un poco al otro pecho, y lo examino con cuidado. Y amanezco fresca y sin ojeras, y feliz de saber estar de luto sin sentir que todo está perdido.
lunes, 28 de febrero de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Sucumbirás a la ira
Odio este blog. Todo sobre él me da náuseas. Su degradado naranja, su fuente Courier, su subtítulo. Odio escribir en él. Solo que probablemente el odio no es al blog como ente, sino a los acontecimientos que derivaron en la necesidad de su existencia.
La gente me dice que tengo buen aspecto, que lo estoy llevando bien, que el no dejar que mi ánimo sucumba es una buena señal...que así se ganan las batallas. Hoy, por primera vez alguien me dijo "Te toca joderte". Creo que sus palabras no fueron esas exactamente, creo que dijo algo así como "Te toca estar convaleciente y te tienes que joder". Y me sentó bien, a decir verdad. Antes de que salgan corriendo de sus casas a hacer cola en mi puerta para decirme que me joda déjenme intentar dar forma a lo que tengo en la cabeza.
Todas esas personas que me preguntan, que me hablan de mi fuerza y mi estado mental, lo hacen desde el corazón, lo sé. Desean, casi tanto como yo que todo esto se acabe cuanto antes y que la palabra cáncer no forme parte de nuestra familia nunca más. No son falsos ánimos, no es paternalismo. Son sentimientos reales, deseos reales y sinceros. Pero por una vez alguien me dijo, sin preguntar, lo que yo estaba pensando. Me toca joderme. No hay más.
Día cuatro después de la quimioterapia (no pienso llamarla nunca más quimio: es un diminutivo demasiado cariñoso) y la tripa sigue patas arriba, así que estoy enfadada. Por todo. Por no haber estudiado veterinaria, porque hay un tipo que se dedica a traducir libros que debería traducir yo, por no haberme ido a vivir a un pueblo perdido de Alaska cuando tuve la oportunidad. Pero sobre todo estoy enfadada porque Jimena tiene fiebre y un padre más un cuarto de una madre para cuidar de ella. Eso enfadaría a cualquiera.
La gente me dice que tengo buen aspecto, que lo estoy llevando bien, que el no dejar que mi ánimo sucumba es una buena señal...que así se ganan las batallas. Hoy, por primera vez alguien me dijo "Te toca joderte". Creo que sus palabras no fueron esas exactamente, creo que dijo algo así como "Te toca estar convaleciente y te tienes que joder". Y me sentó bien, a decir verdad. Antes de que salgan corriendo de sus casas a hacer cola en mi puerta para decirme que me joda déjenme intentar dar forma a lo que tengo en la cabeza.
Todas esas personas que me preguntan, que me hablan de mi fuerza y mi estado mental, lo hacen desde el corazón, lo sé. Desean, casi tanto como yo que todo esto se acabe cuanto antes y que la palabra cáncer no forme parte de nuestra familia nunca más. No son falsos ánimos, no es paternalismo. Son sentimientos reales, deseos reales y sinceros. Pero por una vez alguien me dijo, sin preguntar, lo que yo estaba pensando. Me toca joderme. No hay más.
Día cuatro después de la quimioterapia (no pienso llamarla nunca más quimio: es un diminutivo demasiado cariñoso) y la tripa sigue patas arriba, así que estoy enfadada. Por todo. Por no haber estudiado veterinaria, porque hay un tipo que se dedica a traducir libros que debería traducir yo, por no haberme ido a vivir a un pueblo perdido de Alaska cuando tuve la oportunidad. Pero sobre todo estoy enfadada porque Jimena tiene fiebre y un padre más un cuarto de una madre para cuidar de ella. Eso enfadaría a cualquiera.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Sobre dioses y enjuagues bucales
Cuando nació Jimena, Diana me dijo que disfrutara de los meses de baja, que pasaban volando. No sé por qué, pero a mí me pasó lo contrario. Los días pasaban justo al ritmo que yo quería, incluso más despacio. Cuando la niña hizo tres meses apenas podía creerlo: hubiera jurado que eran seis. Saboreé cada mañana, cada café en la plaza del pueblo con la niña dormitando en el capazo, cada empacho de ahora tele, ahora un sueñecito en el sofá porque Jimena había decidido que esa tarde tocaba ahora teta, ahora dormir.
Ahora, cuando el tiempo parece haberse detenido gracias a una ruleta a la que nunca jugué, saboreo las cosas como lo hice entonces. Y Jimena es deliciosa.
Tengo la suerte de tener bastantes más días buenos que malos, y eso me permite disfrutar de este tiempo, ¿sabático?, con los cinco sentidos. Contar el tiempo en sesiones de quimioterapia puede ser una tortura; mañana es mañana durante mucho más de veinticuatro horas. De la misma manera, una tarde jugando con Jimena es muy muy larga. Quién podría quejarse de eso.
Hoy no hay tanta gente en la sala de espera de oncología, y la mayoría son personas mayores (todas con pelo, para mi asombro) que le cuentan a cualquiera que quiera escucharles cuán agradecidos hemos de estar, porque por lo menos estamos aquí para hablar de ello, y el Señor dirá. Me fascina la ciega devoción, la increíble sumisión a la voluntad de un todopoderoso. Si yo fuera creyente ahora mismo estaría teniendo una seria conversación con Dios, estaría pidiendo explicaciones (convincentes, por favor) de por qué, y sobre todo, con qué derecho, sin venir a cuento señaló el cuadrante superior externo de mi pecho izquierdo con su dedo índice.
Afrontamos estas situaciones como mejor podemos, porque nadie nos ha preparado para esto. Unos se aferran a su Dios, otros a su trabajo, otros al destino. Yo me aferro a esa oportunidad que tengo para saborear, despacito, la dulzura de cada momento con mi hija. Aunque a veces, por la noche, cuando me miro al espejo, noto un regusto amargo en el cielo de la boca, y me voy a la cama con la sensación de no haberme lavado los dientes.
Ahora, cuando el tiempo parece haberse detenido gracias a una ruleta a la que nunca jugué, saboreo las cosas como lo hice entonces. Y Jimena es deliciosa.
Tengo la suerte de tener bastantes más días buenos que malos, y eso me permite disfrutar de este tiempo, ¿sabático?, con los cinco sentidos. Contar el tiempo en sesiones de quimioterapia puede ser una tortura; mañana es mañana durante mucho más de veinticuatro horas. De la misma manera, una tarde jugando con Jimena es muy muy larga. Quién podría quejarse de eso.
Hoy no hay tanta gente en la sala de espera de oncología, y la mayoría son personas mayores (todas con pelo, para mi asombro) que le cuentan a cualquiera que quiera escucharles cuán agradecidos hemos de estar, porque por lo menos estamos aquí para hablar de ello, y el Señor dirá. Me fascina la ciega devoción, la increíble sumisión a la voluntad de un todopoderoso. Si yo fuera creyente ahora mismo estaría teniendo una seria conversación con Dios, estaría pidiendo explicaciones (convincentes, por favor) de por qué, y sobre todo, con qué derecho, sin venir a cuento señaló el cuadrante superior externo de mi pecho izquierdo con su dedo índice.
Afrontamos estas situaciones como mejor podemos, porque nadie nos ha preparado para esto. Unos se aferran a su Dios, otros a su trabajo, otros al destino. Yo me aferro a esa oportunidad que tengo para saborear, despacito, la dulzura de cada momento con mi hija. Aunque a veces, por la noche, cuando me miro al espejo, noto un regusto amargo en el cielo de la boca, y me voy a la cama con la sensación de no haberme lavado los dientes.
martes, 8 de febrero de 2011
La fórmula de la felicidad
Una vez entrevistaron a mi padre en la tele. El acontecimiento fue recibido con gran emoción en el seno de la familia. Llegó una cinta de vídeo que vi una y mil veces en nuestro súper reproductor VHS. Era una entrevista de preguntas cerradas, de esas que no permiten que el entrevistado y el entrevistador se salgan del guión (de esas que, ahora, me gustan tan poco). Recuerdo muy bien dos de las preguntas. La primera fue "¿A quién echa de menos?", a lo que mi padre respondió "A mi mujer y a mis hijas cuando están lejos" (clap clap clap). La segunda fue "¿La fórmula de la felicidad?". Mi padre dijo que no había fórmulas ni recetas, que era una lucha constante desde por la mañana hasta por la noche.
Nunca es un buen momento para que te digan que tienes cáncer. Si estás pasando por un mal momento puedes pensar "Joder, encima esto". Si estás viviendo un momento idílico de tu vida la frase sería "Justo ahora, que todo iba tan bien". Pero en el primer caso corres el riesgo de morirte de pena, de caer en el error de convencerte de que no tienes nada por lo que luchar, y entonces estás perdido.
Yo era muy feliz; soy muy feliz. Mi lucha ahora se centra en pasar por esta fase de puntillas, sin enterarme mucho, luego vendrá la lucha interna para evitar, si es que eso se puede hacer, una recaída. Mientras tanto lucho diariamente por nuestra felicidad. Resulta complicado cuando el cansancio me dice que lo que necesito es meterme en la cama, complicado durante esos cuatro días (que, aunque pocos, pueden ser devastadores) después del pinchazo. Pero todo pasa. Entonces pienso en la risa de Jimena cuando está en el parque, en cómo se relaja Nasser cuando está entre amigos y puede dejar que nuestro círculo cuide un poco de su familia, y me doy cuenta de que esa es ahora mi causa.
No, no hay recetas. Solo puedo levantarme y oler a café. Y convencerme de que es posible. De que hoy va a estar lleno de momentos felices, de que es necesario compartir la carga, de que tengo que dejar que me echen un cable. Y de que esta noche puedo irme a la cama con la cabeza tranquila, sin ruido de fondo. Y sonreír cuando sale el sol.
A mí me funciona.
Nunca es un buen momento para que te digan que tienes cáncer. Si estás pasando por un mal momento puedes pensar "Joder, encima esto". Si estás viviendo un momento idílico de tu vida la frase sería "Justo ahora, que todo iba tan bien". Pero en el primer caso corres el riesgo de morirte de pena, de caer en el error de convencerte de que no tienes nada por lo que luchar, y entonces estás perdido.
Yo era muy feliz; soy muy feliz. Mi lucha ahora se centra en pasar por esta fase de puntillas, sin enterarme mucho, luego vendrá la lucha interna para evitar, si es que eso se puede hacer, una recaída. Mientras tanto lucho diariamente por nuestra felicidad. Resulta complicado cuando el cansancio me dice que lo que necesito es meterme en la cama, complicado durante esos cuatro días (que, aunque pocos, pueden ser devastadores) después del pinchazo. Pero todo pasa. Entonces pienso en la risa de Jimena cuando está en el parque, en cómo se relaja Nasser cuando está entre amigos y puede dejar que nuestro círculo cuide un poco de su familia, y me doy cuenta de que esa es ahora mi causa.
No, no hay recetas. Solo puedo levantarme y oler a café. Y convencerme de que es posible. De que hoy va a estar lleno de momentos felices, de que es necesario compartir la carga, de que tengo que dejar que me echen un cable. Y de que esta noche puedo irme a la cama con la cabeza tranquila, sin ruido de fondo. Y sonreír cuando sale el sol.
A mí me funciona.
domingo, 6 de febrero de 2011
Prefiero que sea mi día
El viernes fue el día mundial de la lucha contra el cáncer. Fue mi día, y el de tantas otras personas. Hoy Mayte se recupera de una operación de mama en su casa, rodeada de su familia. Mara celebra muy buenas noticias sobre su pulmón, y Noelia sale a la calle tras un trasplante de médula. Todas luchadoras, todas ganadoras.
Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que prefiero que sea mi día a que sea el día de mi hermana o el de mi madre. Sé que mi madre, y mi padre, se cambiaría por mí cien veces pero ahora que estoy aquí prefiero pasar yo por esto. No es porque no confíe en que ellos no puedan luchar, es que no puedo ni imaginar sentirme como se han sentido durante estos últimos meses. Supongo que en estas situaciones se formula el consabido "¿por qué a mí?" pero nunca se llega a pensar "¿por qué no a otro?". Rara vez los deseos se hacen realidad, pero yo no quiero ese peso sobre mi conciencia.
El pelo va cayendo, poco a poco, cada vez más. Cada jirón que se me queda en la mano me recuerda que estoy más cerca del final, pero sigo manteniendo la vista fija en las cosas cercanas. 16 de febrero, tercera sesión. Porque quedan muchos días mundiales de la lucha contra el cáncer antes de que esto acabe, y va a acabar. Y quiero que esos sean mis días, no los de mi gente.
PD: dicen por ahí que los blogs se nutren de los comentarios. Si es así, este blog está agonizando... Besos mil a los habituales. A ver si el resto se va animando ( besos también, ¡pero algunos menos!).
Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que prefiero que sea mi día a que sea el día de mi hermana o el de mi madre. Sé que mi madre, y mi padre, se cambiaría por mí cien veces pero ahora que estoy aquí prefiero pasar yo por esto. No es porque no confíe en que ellos no puedan luchar, es que no puedo ni imaginar sentirme como se han sentido durante estos últimos meses. Supongo que en estas situaciones se formula el consabido "¿por qué a mí?" pero nunca se llega a pensar "¿por qué no a otro?". Rara vez los deseos se hacen realidad, pero yo no quiero ese peso sobre mi conciencia.
El pelo va cayendo, poco a poco, cada vez más. Cada jirón que se me queda en la mano me recuerda que estoy más cerca del final, pero sigo manteniendo la vista fija en las cosas cercanas. 16 de febrero, tercera sesión. Porque quedan muchos días mundiales de la lucha contra el cáncer antes de que esto acabe, y va a acabar. Y quiero que esos sean mis días, no los de mi gente.
PD: dicen por ahí que los blogs se nutren de los comentarios. Si es así, este blog está agonizando... Besos mil a los habituales. A ver si el resto se va animando ( besos también, ¡pero algunos menos!).
miércoles, 2 de febrero de 2011
Seguimos
Intento no convertir esto en mi vida. Creo que es muy fácil caer en el abismo de internet, y buscar información y desinformación sobre el cáncer, grupos de ayuda, libros que te dicen cómo evitar que te pase y cómo evitar que se desarrolle una vez te ha pasado. Pero yo tengo una vida a la que prefiero dedicarle toda mi energía.
Hoy toca día de expectación, otra vez. El segundo ciclo entró ayer, y parece que la cosa va un poco mejor. Supongo que el día clave es mañana, primera inyección de la tanda, que fue la que me tumbó hace dos semanas, pero tengo esperanzas. Me concentro en mi estómago y dosifico muy bien las tres pastillas de Primperán que me puedo tomar. La metralla buena para las náuseas está restringida hasta nuevo aviso por posible alergia.
Así que por fin el siete se ha convertido en seis. Quedan seis sesiones. ¿Será posible que esté contando los días durante las próximas doce semanas?
Necesito recomendaciones para leer.
Buenas noches y tararás
Hoy toca día de expectación, otra vez. El segundo ciclo entró ayer, y parece que la cosa va un poco mejor. Supongo que el día clave es mañana, primera inyección de la tanda, que fue la que me tumbó hace dos semanas, pero tengo esperanzas. Me concentro en mi estómago y dosifico muy bien las tres pastillas de Primperán que me puedo tomar. La metralla buena para las náuseas está restringida hasta nuevo aviso por posible alergia.
Así que por fin el siete se ha convertido en seis. Quedan seis sesiones. ¿Será posible que esté contando los días durante las próximas doce semanas?
Necesito recomendaciones para leer.
Buenas noches y tararás
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