He comprobado cómo va a ser el resto de mi vida. Y no tiene gracia. Cuando dije aquello de "el miedo podré controlarlo con un poco de disciplina" me refería al día a día. Claro que cuando, de repente, aparece un dolor en un hueso (zona adonde, por cierto, se suele extender el cáncer de mama) el miedo se materializa y no hay hacia dónde echar a correr. Porque una cosa es una recaída (que yo interpreto como "mismotumor-mismositio) y otra cosa es otrotumor-otrositio. Para colmo, las palabras de la oncóloga no tranquilizan: "Puedes tener dolores tontos, como todo el mundo. Lo que no me gusta es que esos dolores duren muchos días". Al final lo que pasaba era que tenía el hombro sobrecargado por Jimena, pero, joder, qué angustia.
Imaginé empezar de cero: pruebas mil, nervios mil, dolores mil, venas maltratadas... Una vez en el ajo sé que podría con ello, pero visto desde aquí, desde mi cuerpo recuperado y (supuestamente) sano... las fuerzas flaquean un poco. Claro que no es mi estado habitual, pero cuando pasa es demoledor.
Los días van pasando y la mayor parte del tiempo la paso en estado normal, como si estuviera de año sabático. Porque una vez terminado el calvario y asumida mi condición social (enferma crónica potencial) el día a día es tan llevadero como el de cualquiera que esté leyendo estas líneas. De alguna manera el cáncer ha pasado a formar parte de mi vida y ya casi ni le presto atención. Como un señor muy pesado que me siguiera a todas partes y al que no hago demasiado caso, con la esperanza de que se dé por vencido y se vaya por donde ha venido. Esto no quiere decir que esté obviando lo que me ha pasado y lo que significa, simplemente que sé que no puedo gastar toda mi energía en (¡ahora mismo estoy viendo cómo Jimena intenta quitarse un calcetín con la boca! Fracaso estrepitoso.) pensar constantemente que todo va a ir bien. Es agotador. Así que, a excepción de esos días en los que tengo un dolor tonto, anímicamente ando por el mundo libre del cáncer.
Y de ahí viene esta larga ausencia. Cada vez necesito menos sentarme a poner las cosas por escrito, porque apenas necesito la terapia que supone para mí. Supongo que cuando me llamen para la radioterapia, y esté de nuevo en modo hospital, con quemaduras, incómoda y dolorida y con las vacaciones chafadas por la maldita lista de espera volveré a usar esto más a menudo y vomitaré y compartiré esa montaña rusa.
Mientras tanto, todo en orden a este lado del mar. Calma total.
Besos y tararás
Laura