La rueda se ha puesto en marcha y la única que parece no notarlo es, afortunadamente, Jimena.
A mi alrededor, un baile de llamadas, mensajes, visitas esperadas e inesperadas. Dentro, calma.
No creo equivocarme si afirmo que de todas las personas realmente cercanas yo soy la que en mejor estado se encuentra. Todos estamos faltos de información. Los médicos necesitan saber qué tipo de tumor es y su alcance. Nasser necesita saber si decidimos que Jimena venga o no a verme al hospital. Mi madre necesita saber cómo va a ser la terapia, y mi padre necesita saberlo todo. Yo dependía de una llamada que me iba a dar la única información que necesitaba. El teléfono sonó, por enésima vez.
Iré el lunes por la mañana a que me inyecten un isótopo radiactivo (mola, ¿eh?) y luego, tras haber acomodado a mis padres astures en casa, ingreso para la operación. Será el martes, y como mucho, si no hay complicaciones, pasaré dos días en el hospital. Lo justo para recuperar el sueño perdido durante este último año.
Como eso era lo primordial, me olvidé de preguntarle al ginecólogo cosas que supongo importantes, como:
1: ¿Cuánto durará la operación? A no ser que me dé datos en tiempo onírico no me afecta demasiado
2: ¿Puede subir Jimena a planta? Después de pensarlo, y si es necesario y me dejan, prefiero verla en la zona césped, que hay más oxígeno entre virus y virus.
3: ¿Cuántos puntos me darán? Ajá. Esta pregunta no la olvidé. Evité por todos los medios hacerla porque en mi mente esa situación corresponde a la fase 2. Necesito ir por partes, y entrar en la fase 2 sin haber terminado la 1 puede tener consecuencias nada deseables (aparte de ser, posiblemente, una aberración filosófica).
Mi amiga Yaiza me dijo que "lo que pasa es que la palabra cáncer te arruga el corazón por dentro". Cierto. El mío estaba tan arrugado que no era capaz de encontrar cosas que sabía que había dejado en él. Fue como si alguien lo hubiera conectado a una válvula de vacío. Y miré alrededor. Y cada mirada de Nasser, cada gesto de Jimena, de Julia, cada abrazo de Diana, cada llamada, mensaje, visita esperada e inesperada lo fueron inflando de nuevo. Ahora cuando busco algo aquí dentro, lo encuentro. Porque a diferencia de lo que ocurre en mi casa, mi corazón- mi mente- están en orden desde hace algún tiempo. Y con esta cabeza, buena o mala, mejor o peor, tengo la intención de cruzar la puerta del hospital.
Empezamos.
Querida Laura:
ResponderEliminarEstamos preparadas porque nadie nos amputará las ganas de vivir, las ganas de seguir. Esos puntos que nos pondrán son los puntos y aparte que a veces tiene la redacción de la vida.
Desde fuera estaremos todos insuflando cosas buenas para que tu corazón siga hinchado de cariño. ¡Muchos ánimos, campeona!
ResponderEliminarP B :-), solo para darte un beso, para dicirte que tambien estoy aqui,como tantos otros, insuflando...
ResponderEliminarAnte todo con mucha calma...
Beijinho Gerreira...