Creo y no creo.
No creo en Dios, para empezar. Muy a pesar de mi abuela, quien intentó con muchas triquiñuelas convencerme de que había una mano que hacía que el mundo girara, responsable de todo lo bueno de este mundo pero castigador cuando la humanidad se salía de madre. Por aquel entonces (tendría yo unos siete años) a mí no me costaba nada intentarlo, y antes de acostarme rezaba con ella un jesusitodemividaeresniñocomoyo. No consiguió, ni ella ni nadie, que hiciera la comunión, ni que fuera a misa. Yo la acompañaba a la iglesia, hasta su reservado donde rezaba sus rezos, y la esperaba por fuera, jugando en las escaleras. La única vez que estuvimos juntas dentro de una iglesia, durante un servicio, fue en su funeral. No creo en someter la voluntad humana y Dios, y la religión que nos amenaza con el fuego eterno, son un yugo para la humanidad. No creo, no señor.
Creo en la música como expresión emocional y lenguaje universal. Creo en la música como terapia y en la liberación del estrés y en dar rienda suelta a las emociones bajo el encanto de una melodía, con o sin letra. Creo que mi piano ha sido mi psicólogo a lo largo de los años, cuando era una adolescente cargada de hormonas, durante todas mi crisis existenciales, mis enfados con mis novios, con mis padres, con mi hermanos. Sentada frente a él celebré triunfos y fracasos personales. La primera mañana después de que mi vida cambiara me desquité con mi omnipresente "Nobody home". Creo.
No creo que la política y la corrupción tengan que ir de la mano. Hace poco oí de un inteligente aquello de "los políticos roban, hay que asumirlo". No me da la gana asumirlo. No creo. Creo en la democracia participativa frente a la representativa, en el consenso frente a la votación, en la educación frente a la prohibición (Cristina, ¡va por ti!). Creo.
Pero sobre todas las cosas, creo en la biología. Creo en la sabiduría de la bioquímica y la fisiología que hacen que un cuerpo funcione a la perfección y que consiguen equilibrar niveles cuando algo falla. Creo en la maravilla de la evolución y en las aplicaciones de la investigación. Creo que esto que tengo corriendo por mi cuerpo va a ser capaz de evitar que vuelva a crecer ese intruso. Creo que, a una sesión de terminar con la quimioterapia, las posibilidades de recuperar mi burbuja aumentan segundo a segundo. Estoy convencida de que salgo fortalecida de este varapalo (como España de la crisis) y de que este tiempo que he tenido para descansar y contemplar el mundo que me rodea nos ha hecho mucho bien: a mí, a mi cerebro y a mi familia.
Creo que aun queda mucho tiempo para que esto acabe, creo que hace mucho tiempo que no tengo un mal día. Creo en mí, y eso es un gran descubrimiento.
¡¡¡Ole mi niña!!! Coincidimos sí, sí. Sobre todo en que yo también creo en ti y en que ese intruso no va a volver! Ánimo pitufa, qué ya queda menos y creo que teniendo a toda tu Gente (sí, con mayúsculas) alrededor, con tu música y tu piano o escribiendo las maravillas que nos permites leer, la última sesión habrá terminado y verás que tu burbuja está ahí, enterita. Incluso más brillante que antes, porque ahora crees también en ti.
ResponderEliminar¿Te he dicho ya cuánto me gusta leerte? :) Un besín
Vuelvo para dejarte esto:
ResponderEliminarSmile!
http://vimeo.com/9330175
:)
Recuerdo ese jesusitodemivida como si fuera ayer, y esos camisones horribles que sin embargo nos encantaba ponernos. Y aquella discusión sobre la mano de ese señor que movía el mundo, en la que intentamos, ingenuas de nosotras, explicarle la teoría de la evolución. Cuantos recuerdos nos dejó güelita.
ResponderEliminarYo también creo en tí. Y en tu asombrosa capacidad para superar esto. Creo en tí : hermana, amiga, mujer.
¿Cómo no creer en ti?
ResponderEliminarQueda poco para un gran punto y aparte.
Un abrazo interislas gigantesco.
Sobre el tema del que tú escribes (su credo personal) habla también Joumana Haddad en el libro YO MATÉ A SHEREZADE. Hace unos días leí una reseña, lo compré en la librería de una buena amiga y acabo de terminarlo.
ResponderEliminarAlgunas piezas de su puzzle particular de ideas sobre lo que significa ser una mujer (árabe) hoy:
-"...todas las religiones son nocivas(nocivas para el sentido común, nocivas para el modo de vida de cada uno, nocivas para la capacidad de elección individual, ¡nocivas incluso para la salud!) en cuanto pasan la esfera de alimento espiritual a la que pertenecen (para quienes las quieran ver así, claro) a la esfera de la vida privada y pública de cada uno, donde pueden llegar a arruinar cualquier oportunidad de libertad, equilibrio y juicio objetivo que se pueda tener" (p. 105).
-"...basta de exhibicionismo/voyeurismo religioso, en todas sus formas. Rezar debería ser como hacer el amor; un asunto privado. Todo el mundo habla de obscenidad sexual, pero casi nadie habla de obscenidad religiosa. A las personas que hacen el amor en público se las envía a prisión; se considera que es una ofensa al decoro público. Yo sueño con un mundo secular, puro, en el que se dé el mismo trato a quienes conviertan sus convicciones religiosas en un carnaval" (p. 107).
-"¿Y tú, Dios, replicas? Quiero intentar enfrentarme a ese dragón. Como escritora. Como mujer. Como ser humano. Con herramientas de escritora. Con herramientas de mujer. Con herramientas de ser humano. En cuanto a la gente que me dice que yo, como mujer árabe, debería obedecer al varón, cubrirme el cabello e ir a confesarme y pedir perdón cada vez que mantengo relaciones sexuales con un hombre sin ser su esposa y sin querer tener un hijo con él, los dejo con sus convicciones ridículas; a fin de cuentas, son el único consuelo que tienen en la vida. Y su peor castigo" (p. 111)
Leerte escuchando a Dylan da una cosita, asi como muy intima. Mi bella mujer, da gusto leerte y apreciar tu fortaleza. yo también creo en ti, ciegamente.
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