lunes, 1 de agosto de 2011

Parálisis, movimiento y María: fin del episodio

El miedo existe por un motivo. Igual que el dolor y el olfato. Es un mecanismo de defensa que permite que salgamos ilesos de algunas situaciones en las que, de no existir, no tendríamos ninguna probabilidad de supervivencia. Corremos en sentido opuesto y nos ponemos a salvo cuando sentimos ese gusanillo en la tripa, ese algo que nos dice que estamos en el sitio equivocado en el momento más inoportuno. Y de ese modo logramos la victoria y su premio: poder contarlo.
Cuando la situación nos supera, el miedo suele hacerlo también. Nos paraliza, hace que nos zumben los oídos, perdemos el equilibrio y no somos capaces de hacer que nuestros pies respondan a la orden que enviamos mentalmente como un mantra. Gira despacio y echa a andar, gira despacio y echa a andar. Pero lo único que procesamos es el calor en las mejillas y los pulsos en las sienes. Cuando esto ocurre en la habitación de un hospital y está provocado por una paciente que nos está contando cosas que, perfectamente, nos pueden pasar a nosotros dentro de nueve años el asunto es muy jodido, porque el elemento que provoca la parálisis es endógeno, y ya podemos correr los 42 kilómetros en el maratón o las nueve yardas en el estadio: va a seguir ahí cuando paremos a coger aire.
Claro que la parálisis no es eterna, no señor. El movimiento llega. Tarde o temprano, eso no importa. Lo importante es que llegue. Y que con él llegue la energía necesaria para entender que las estadísticas son eso, números que no tienen que ver con Laura, y la serenidad necesaria para afrontar la realidad de una posible recaída. Cuando nos ponemos en marcha de nuevo lo hacemos sabiendo a qué nos enfrentamos, con la esperanza de recordar lo aprendido para futuras referencias.
Hoy María se pone en movimiento gracias a la bocanada de aire que le insufla una llamada de teléfono, y yo lloro de alegría. Y también me pongo en marcha. A poco de terminar la radioterapia, cicatrizadas las heridas del pecho y del corazón, identificados mis miedos y conociendo mis límites mucho mejor que hace nueve meses puedo volver a una normalidad que nunca volverá a ser normal, pero que es mía y puedo tocarla con las manos.
Por el camino cumplí años, ahora son 34. Gracias a Santi "Fifufá" he leído a Vargas Llosa, y la paciencia de Nasser me permite diferenciar (casi siempre) la voz de Lennon de la de McCartney. Sigue dándose cabezazos contra la pared cuando le pregunto "2001: una odisea del espacio de quién es ¿Kubrick o Ford Coppola?", pero eso es algo que creo que ya tiene asumido. Sigo con mi doctorado, eso no ha cambiado.
Ya sé que no ha habido mucha actividad en los últimos meses, pero no quería cerrar el blog sin más. Este ha sido mi espacio durante este año, mi medio de comunicación con los de lejos y algunos de los de cerca y ahora me toca moverme hacia delante y pensar y escribir sobre otras cosas. A lo mejor hay que volver a abrir este diario en un futuro, pero de momento pongo el punto y aparte. Veremos si se convierte en punto y final.

Muchas gracias por todo. Besos, abrazos y tararás.

Laura

8 comentarios:

  1. Besos y tararás para ti también. Lolo

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  2. Bienvenida, después de más de un cuarto de hora escribiendo, lo he borrado y he decidido mandarte un beso y que aquí llueve y se agradece y que si saliera el sol sería maravilloso y digno de ver porque son casi las dos de la madrugada y que, obviamente, es de noche y que mañana, o sea hoy, será otro día, el horizonte inmediato.
    Un beso

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  3. Me ha encantado leerte en este blog pero, desde luego, no lo echaré de menos. Espero no tener que volver a leerlo. :)

    Besotes

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  4. Marta en Mallorcamartes, agosto 02, 2011

    Querida:

    Gracias por compartir estos meses, gracias por hacer que me sintiera un poco más cerca de ti aun con dos mares de por medio, y gracias por la fuerza y por saber utilizar ese miedo del que hablas de forma productiva.

    No hará falta más blog sobre este asunto, pero podrá haber otros sobre mil cosas más. Seguiremos leyéndonos (y nos veremos en diciembre, por fin, después de tanto tiempo).

    Abrazos mil o dos mil, flor.

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  5. Querida: Sería bueno que inventaramos algo para repartir el dolor, desafortunadamente ahora solamente se contagia, es decir, se multiplica. En cualquier caso son los malos momentos los que nos hacen saborear los buenos, ¡y hay tantos!
    Hoy hace un sol maravilloso en Asturies, aunque en este instante yo tengo un poco nublados los ojos por el recuerdo de los sufrimientos de seres queridos. Ya he salido a la calle temprano y me ha despertado esa combinación de fresco y humedad que hace esta tierra como es, tú bien lo sabes. Ahora te he leído, me alegro de que pasemos página; el libro quedará en la estantería electrónica, subrayado, anotado como todos los míos, que quedan inservibles para otros seres.
    Reparte besos a toda la tropa, que en septiembre te los repondré en directo.

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  6. Un beso gordo, Laura.

    Se acabó. Qué bien. Y punto final, qué narices.

    Me alegrará borrar de mi escritorio el enlace directo a tu blog, que me ha servido para tenerte presente todos estos meses.

    Otro beso más gordo,

    Santiago
    (el mañopucelano)

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  7. Punto y final. Eso debe ser.
    No sé si he sido tu mayor fan, me encanta leerte (eso desde siempre), pero hubiera querido no hacerlo nunca aquí. Mucho han dolido cada una de las letras de este blog, pero conseguiste que entre ellas se filtrara aire, tranquilidad, serenidad y, sí, hasta normalidad.
    Ahora te animo a escribir sobre otras cosas de la vida cotidiana, que tiene sus putadas, sus tocate-los-cojones y sus maravillas (muchas), y que a tí se te da muy bien contarlas.
    Tarará.

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  8. ...alehop! ¡salgo en el blog!¡salgo en el blog! UUUUUAAAAUU!!! También llegué yo a Hornby a través de ti; redescubrí las chocolateras berlinas y encontré para compartir el mejor lugar que las vende. También tu compañía (y la de los tuyos: esposo, hija, supertramp y pink floyd) me ha servido de refugio antidisturbios durante estos extraños meses; no obstante, caminamos hacia el final feliz. Thanks a lot.

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