miércoles, 19 de enero de 2011

De la experimentación animal y otras perrerías

El suero, de color rojo, que cuelga sobre mi cabeza está recubierto con papel de aluminio. Deduzco inmediatamente que tiene algo que ver con agentes químicos que reaccionan con la luz, aunque realmente estoy convencida de que es para tapar una pegatina donde hay impresa una calavera y dos tibias: veneno. Veo bajar el líquido rojo y entrar en la vía que vuelve a estar en mi mano derecha y cierro los ojos. Trato de hacer un pequeño ejercicio, una conversación con mi cuerpo, en la que le pido perdón y trato de convencerle de que esto va a hacer que no nos pongamos enfermas nunca más, y le suplico que no me haga sufrir demasiado. Le digo que trate de tolerarlo, que yo sé que estamos fuertes y que podemos pasar por esto sin grandes dramas.  Ahora, dos horas después, estoy expectante, pero sin prestar mucha atención, no vaya a ser que mi mente provoque la reacción que mi cuerpo ha decidido no tener.

Me siento como una rata de laboratorio. En la última semana me han hecho un sinfín de pruebas que me recordaron la definición que hacía, en mi primer año de carrera,  el gran Miguel Ibáñez de la experimentación animal. "Es muy sencillo" decía el hombre, "se trata de coger al bicho en cuestión y hacerle perrerías para ver cómo responde". Una definición muy poco ortodoxa, pero muy gráfica. ¿Cómo respondió el animal? Unas veces indiferente, otras con algo de alivio, en un caso aislado con lágrimas desconsoladas (que te hagan una mamografía en el pecho que te acaban de operar es una perrería de las gordas). Los resultados perfectos, de modo que pudimos empezar con el tratamiento. Como dice Nasser: camino ruin pásalo pronto.

Y así están las cosas. Jimena duerme, ajena a todo lo que ocurre en el seno de su familia. Ella solo piensa en parques, toboganes y yogures. Y por supuesto, en Pocoyó. Y menos mal. Porque si me cuentan que mi niña es sensible a todo esto seguro que yo experimentaría todos los efectos secundarios descritos, y algunos nuevos.

De modo que me acuesto tal cual me levanté: expectante. Buenas noches, muchos besos y tararás.
Laura

1 comentario:

  1. A enemigo que huye, puente de plata. Y si con ese suero le facilitas la salida a esta dichosa enfermedad, mejor que mejor.

    Además, donde más estragos puede hacer es en la cabecita, y es obvio que en la tuya no tiene ni un resquicio por donde atacar...

    Un abrazo

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